Si alguien es papá/mamá de algún pequeñito de entre 2 y 4 años, habrá tenido que lidiar con algún berrinche de terror. Debo de confesar que por más que se haya leído previamente sobre la manera en que se deben de manejar los berrinches, las primeras veces desconciertan un poco. No voy a entrar en detalles sobre el manejo de estos episodios que muchas veces son traumáticos (para los papás, por supuesto), porque no es sobre lo que voy a escribir hoy.
Hoy les comparto que mi hija es voluntariosa y terca, habla hasta por los codos y a veces no se puede estar sin mover un segundo. Han habido ocasiones en que como las cosas no son a su manera hace berrinches de miedo que en ocasiones se me salen de control y lo único que le falta es echar espuma por la boca: en ese momento, con cara morada y ojos anegados de lágrimas ya ni siquiera oye lo que le digo. Espantada por semejante muestra de descontrol y tomando en cuenta que debe de aprender a ser flexible, quedarse callada y quieta y que todo esto implica control de la mente y el cuerpo, mi esposo y yo decidimos que tenía que practicar alguna disciplina oriental. Escogimos la yoga.
Buscando clases de yoga para niños di con una escuela que me llamó la atención desde el principio, pues quien me contestó y después resultara ser la maestra, se tomó el tiempo de preguntarme la razón por la que quería que mi hija practicara yoga y los beneficios que de ella se podían obtener. De todas las escuelas a las que hablé fue la única en la que se interesaron en los antecedentes y eso me dio mucha confianza. Y nada, la inscribimos y ya lleva dos meses en clase.
Sólo tengo cosas buenas que decir: mi hija va con gusto a su clase, sale súper feliz cantando mantras que Gurú Mata (la maestra) les enseña. Pero no sólo son posturas y cantos, también juegan, platican sobre el cuidado a la naturaleza o los sentimientos, tocan instrumentos o colorean mandalas. En dos meses mi hija hija ha aprendido sobre los chakras, posturas, mudras (según entiendo, posiciones de las manos para meditar), diferentes tipos de respiraciones, pero creo que lo más importante es que se ha dado cuenta de que la yoga puede ser una muy poderosa herramienta para concentrarse y relajarse.
Con respecto a lo anterior, les cuento que hace poco se enfermó del estómago y tenía que tomar una medicina que sabía asquerosa. Las primeras tomas fueron batallas campales, hasta que un día me dijo: “espérame mamá, voy a meditar”. La dejé hacer y ¡oh sorpresa! se tomó la medicina ella sola. Ahora también cuando veo que algún berrinche está empezando a salirse de control, la abrazo y le canto el único mantra que a fuerza de repetírmelo todo el camino de regreso a casa, me he aprendido… ¿Y saben qué? ¡funciona! ella se tranquiliza y yo no me convierto en el demonio de Tasmania. Todo esto sin contar los beneficios físicos del ejercicio, que tan importante es inculcarles desde pequeños.
No tengo que explicar más cuán contenta estoy con que mi hija tome clases de yoga y sé que le van a ayudar para estar más consciente de ella misma, aquí y ahora, que es lo que importa. Y en estos tiempos que se ven y sienten oscuros el hecho de que algunas veces cuando ya se va a dormir, se ponga en posición de oración y diga que le manda luz a todas las personas, incluso a “los malos”, me da la certeza de que con nuestra ayuda y los pasos que demos en beneficio de nuestros hijos, este mundo tendrá mucha más armonía.
Les comparto el link del Centro Mata Shakti y si viven en el D.F. y andan buscando algo similar para sus hijos, denle una oportunidad a Gurú Mata, de verdad no se van a arrepentir: http://www.matashaktiyoga.com/